Testimonio de una Madre-Psicomotricista

Juan nació por cesárea por sugerencias del médico, quien nos dijo que debía adelantar su nacimiento por el riesgo que corría en mi vientre por el poco líquido amniótico que le quedaba a la placenta… Con los nervios y la ansiedad acelerada, pero con las tremendas ganas que teníamos de conocer por fin a nuestro hijo, nació un bebé rozagante de 3,100 kg, con llanto fuerte y en perfecto estado de Salud!

Tras 5 días de complicaciones para que se prendiera de mi pecho, con una succión disfuncional, Juan no lograba alimentarse adecuadamente de ninguna forma (ni por el pecho ni por el biberón, ya que adoptó una mala posición de la lengua, pegándola del paladar superior)… trayendo como consecuencia una Hipoglucemia (o baja de azúcar en la sangre) y siendo nuevamente ingresado en la clínica. Lamentablemente esto le generó otros problemas… y es que al no alimentarse, 201010 505tampoco defecaba y por tanto no expulsar la bilirrubina que debía eliminar por las heces… así que desarrolló un cuadro de Ictericia (cuando los bebés se ponen amarillos por la subida de la bilirrubina). Por lo que Juan tuvo que quedarse ingresado en la clínica por 3 días con fototerapia. Al salir de la clínica, ya todo parecía superado… y con el descubrimiento de su “mala maña” de la lengua, ya nos asegurábamos de bajársela para comer.

Pero….. cuando decidí cambiarle de Pediatra a los 3 meses de nacido (mamás háganle caso a su instinto, incluso cuando se trata de la elección del pediatra!!!), la doctora nos indicó que Juan tenía un cuadro Hipotónico como consecuencia de la Ictericia que había sufrido! Obviamente corrimos con el Neurólogo a que nos diera las indicaciones y obviamente a que corroborara el diagnóstico! Pues la Neuróloga nos añadió además que no sólo tenía Hipotonía a nivel axial, sino Hipertonía en miembros superiores e inferiores (coloquialmente, su cuello y estructura de soporte tenía un tono muscular muy débil por lo que no podía mantener su cabeza por sí solo, y sus piernas y brazos eran rígidos, por lo que ya entendía la odisea que era vestirlo, bañarlo y ponerle el pañal).

IMGP1397Juan ingreso en un plan terapéutico de Fisioterapia y Terapia Ocupacional 3 veces por semana y por supuesto con los ejercicios en casa, hasta que cumplió el año y medio, que logro caminar por sí solo. La terapia fue muy satisfactoria. ¡Y mi encuentro con el abordaje terapéutico a nivel corporal comenzó a despertarse!

Las cosas siguieron transcurriendo, él salió con éxito de su tratamiento y comenzó a cumplir sus etapas con toda normalidad. Sin embargo, por nuestras condiciones de vida en un país con graves problemas socio-económicos y sobretodo con altos índices de inseguridad, habíamos limitado los espacios de diversión y juego de nuestro hijo al salón del piso donde vivíamos. Compartir con los amigos sólo era posible en los espacios de un salón de clases. Los parques y áreas verdes, eran espacios donde muy pero muy esporádicamente podía disfrutar con otros niños, con una gran limitación de tiempo… y de temor por resguardarnos de la inseguridad de las calles!

Más que como Psicóloga, me preocupaba como madre ver que nuestro hijo, a sus 3 años era un niño exageradamente tímido, que se escondía entre las piernas de mamá o papá cuando alguien nuevo se acercaba, que no se atrevía a preguntar o pedir algo a otro niño ni mucho menos adulto, que hablaba en un tono de voz muy bajo cuando su maestra de Infantil le preguntaba algo, con diversos temores a correr pequeños riesgos comunes entre los niños, como saltar de un escalón más alto o deslizarse por un tobogán de agua para bebés!. Lo peor fue cuando nos dimos cuenta que al llegar a otro país, esos temores eran más notorios al lanzarse a jugar en los parques que encontrábamos en cada esquina de Santander-España. Mirar cómo niños más pequeños que él, tenían muchas más destrezas y soltura a la hora de desenvolverse en un espacio de juego.

No atreverse a subir las cuerdas, no atreverse a lanzarse por el tubo-bombero del tobogán, no arriesgarse a saltar desde un banco o un escalón un poco más alto, no acercarse a otros niños para incorporarse a un grupo de juego… y las acotaciones de la nueva maestra de Infantil que no se creía que hubiese estado escolarizado anteriormente por su nivel de retraimiento en el salón de clases (además del tema de adaptación que es obvio), hicieron que nos ocupáramos más en aprovechar los parques que nos regala esta hermosa ciudad y a impulsarme a conocer sobre la técnica de la Psicomotricidad de forma profesional.

Nos dimos cuenta del grave daño que le estaba haciendo las condiciones de IMG_2579vida que llevábamos… a pesar de que tratamos de fomentar el juego y la estimulación en casa con miles de puzles, coches, plastilinas, baile, pintura, saltos, etc… nunca iba a ser igual que en un espacio donde los niños saben como nadie la mejor forma de jugar!!!

Desde que mi hijo de 4 años se reencontró con el juego espontáneo, en el día a día jugando con otros niños, he tenido el inmenso placer de ver cambios impresionantes en su personalidad… Atreverse a hacer equilibrio desde pequeñas rampas superándolas cada vez más en tamaño, hacer pequeños acercamientos desde el tubo de bomberos del tobogán (comenzando con ayuda y poco a poco intentándolo solo, aunque echó muchísimas veces atrás la decisión de lanzarse), arriesgarse a correr desenfrenadamente sin que le impidiera alejarse de mí, saltar desde cuanto banco se le atravesase en una tarde de caminata cualquiera, jugar a tirar los coches desde lo alto del tobogán para jugar con otro niño que conocía en cualquier parque, escalar las cuerdas cada vez con un poco más de seguridad, trepar las bolas de cemento detrás del centro cívico de nuestro barrio, saltar desde la punta de los túneles de los parques, son algunos de esos valiosos ingredientes que nos han ayudado como padres a que nuestro hijo explorara sus propios límites y posibilidades.

Hoy por hoy, después de 10 meses y horas y horas donde libremente nuestro hijo juega con otros niños sin las presiones ni los temores de sus padres a su alrededor, y con la plena conciencia que como profesional me hizo comprender que el juego haría gran parte del trabajo… mi hijo ahora no para de hablar, siempre está inquieto por unirse a grupos, pregunta sin temor y no siente ni un gramo de vergüenza por hablar con adultos y niños. Al contrario, ahora es mucho más extrovertido que sus propios padres! La libertad del juego le ha dado un giro a su personalidad… Estoy profundamente feliz de que ahora mi hijo juegue en libertad!!!

Mariale Guerrero. Fundadora de Aros Arriba

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«El terapeuta guía a su paciente de un estado en el que no puede jugar a un estado en el que puede jugar» DW Winnicott

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2 comentarios en “Testimonio de una Madre-Psicomotricista

    • Aros Arriba dijo:
        Así es Erica… Cuando te toca de cerca, lo valoras como lo mejor que te ha pasado en la vida! A seguir cultivando en los padres y profesionales la importancia de que nuestros niños jueguen… Abajo los videojuegos y los asientos, arriba los toboganes y la exploración!!!

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